¿Una vida sin fracasos?

¿Cómo lidiar con el fracaso?

Cómo aceptar el fracaso

Cuando nos interesamos en el desarrollo personal es común escuchar variantes de una misma reflexión:

Aunque no siempre tenemos control sobre las cosas que la vida pone en nuestro camino, sí decidimos cómo reaccionamos ante ellas.

Uno de los mejores ejemplos de esto sucedió alrededor del 300 a.C., cuando un mercader rico, Zenón de Citio, lo perdió todo al naufragar cerca de Atenas.

Este evento se convirtió en la base sobre la que construyó el resto de su vida.

¿Cómo aceptar el fracaso?

El estoicismo, como fue enseñado por Zenón, descartaba la posibilidad de tener una vida ideal, sin dificultades o libre de fracasos.

En su lugar, una persona estoica trata de lidiar con el mundo tal cual es, al mismo tiempo que busca desarrollarse para estar mejor preparado para cualquier cosa que pueda suceder (positiva o negativa).

Esto se logra desarrollando cuatro virtudes principales:

  • Sabiduría práctica: La habilidad de confrontar situaciones complejas de una manera lógica, informada y tranquila.
  • Templanza: El ejercicio de autocontrol y moderación en todos los aspectos de la vida.
  • Justicia: Tratar a los demás con ecuanimidad, incluso cuando nos han dañado.
  • Valentía: No solo en situaciones extraordinarias, sino en los desafíos diarios, al enfrentarlos con claridad e integridad.

“A veces incluso vivir es un acto de valentía”.

– Lucius Annaeus Seneca

A la vez, estas virtudes forman parte de un concepto más reciente; la resiliencia.

La resiliencia es el proceso de adaptarse bien a la adversidad, a un trauma, tragedia, amenaza, o fuentes de tensión significativas, como problemas familiares o de relaciones personales, problemas serios de salud o situaciones estresantes del trabajo o financieras.

Significa “rebotar” de una experiencia difícil, como si uno fuera una bola o un resorte.

“Si tu corazón está roto, haz arte con las piezas”.

– Shane Koyczan

Todos tenemos cierta habilidad con la resiliencia, algunos más que otros, pero la buena noticia es que puede aprenderse y desarrollarse, para ello es necesario trabajar en algunos aspectos de nuestra vida:

Conexiones sociales

Establecer buenas relaciones con la gente que nos rodea es uno de los puntos más importantes.

Tanto aceptar ayuda cuando estamos en problemas como proveerla cuando alguien atraviesa dificultades fortalece nuestra resiliencia.

Siempre resulta más sencillo afrontar las situaciones cuando tenemos a nuestro lado a las personas que son más importantes en nuestra vida.

Trabajo en uno mismo

Al interesarnos en actividades que nos gustan o que nos relajan, al ejercitarnos, alimentarnos correctamente o, en pocas palabras, al cuidar de nosotros mismos, nos preparamos para enfrentarnos a situaciones más complejas.

Así mismo, cada vez que hacemos uso de nuestra resiliencia desarrollamos confianza en nuestra capacidad para resolver problemas y nuestros instintos se vuelven más perspicaces.

Actitud

Es inevitable que en algún punto nos enfrentemos a eventos que nos producen tensión, de la misma manera, es inevitable que dichas situaciones encuentren un equilibrio.

Para desarrollar nuestra resiliencia es necesario tener la convicción de que las crisis no son obstáculos insuperables, de que el cambio es parte de la vida y que incluso las situaciones adversas nos pueden servir para alcanzar nuestras metas.

Tal como dice la plegaria de la serenidad escrita por Reinhold Niebuhr: “Concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar, fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar y sabiduría para entender la diferencia”.

Valores, ideales y espiritualidad.

Si mantenemos en mente aquello que queremos en lugar de concentrarnos en aquello que nos preocupa, desarrollamos una visión optimista y, a la vez, nuestra resiliencia.

A muchas personas les sirve escribir lo que piensan o lo que sienten respecto a las diversas experiencias que viven; muchos otros hallan fortaleza en la meditación y las prácticas espirituales, que les ayudan a recuperar la esperanza.

Cada quién, dependiendo de sus valores e ideales, puede encontrar estrategias propias y personales que le ayuden a desarrollar su resiliencia y es importante que nos tomemos el tiempo de definirlas y ponerlas en práctica.


En conclusión…

Llevar a cabo acciones decisivas es mejor que ignorar los problemas y las dificultades y esperar que desaparezcan. De esta manera podemos usar nuestra fuerza de voluntad para llenar de sentido nuestras vidas, incluso en las situaciones más precarias, y seguir luchando.

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¿Has superado algún obstáculo que parecía imposible? ¿Conoces otra manera de desarrollar tu resiliencia o tu estoicismo? No dudes en escribirlo en la caja de comentarios.

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