4 estrategias comprobadas científicamente que aumentan tu productividad

Métodos que aumentan la productividad. Pinterest

Existen miles de propuestas que indican cómo terminar más cosas en menos tiempo.

Algunos eligen escuchar música a todo volumen mientras estudian, otros prefieren un silencio total al trabajar, e incluso hay personas que solo laboran tres o cuatro días a la semana porque pueden enfocarse mejor en sus tareas. No obstante, estas propuestas suelen basarse en experiencias particulares y no tienen antecedentes científicos que comprueben que el efecto se extiende a la mayoría de la gente.

Por eso aquí te presento 4 estrategias que puedes aplicar con la seguridad de que hay estudios e investigaciones que las respaldan.

Kawaii

Comenzamos la lista con uno de los más contraintuitivos.

Kawaii es una palabra del idioma japonés que significa “tierno” o “lindo” y se ha asociado con aquellos usos de la ternura en situaciones en las que, en otras culturas, se considerarían infantiles o inmaduros.

En un estudio de 2012 llevado a cabo en la universidad de Hiroshima se expuso a un grupo de sujetos a fotografías de animales adultos, animales bebés y alimentos llamativos antes y después de realizar una tarea.

Aunque con las imágenes de animales adultos y de alimentos el rendimiento de los participantes no cambió, aumentó significativamente después de que vieron las fotos de animales bebés.

¿Por qué algo que parece una distracción obvia puede tener ese efecto? Hay varias teorías, pero la más probable dice que cuando entramos en contacto con un bebé, se activan en nuestro cerebro ciertos mecanismos que son necesarios para cuidarlo (como la atención o la concentración).

Si convivir con bebés modifica nuestro comportamiento, es probable que una serie de fotos de animales tiernos también surta ese efecto.

Siestas estratégicas

Todos sabemos la respuesta para esos días en los que pudimos dormir poco o en los que el peso de la semana ya está surtiendo efecto y comenzamos a cabecear: una gran taza de café, ¿cierto?

Pues un estudio realizado en 1995 por la NASA dice que, si buscamos no solo despertar sino también aumentar nuestra productividad, la respuesta es muy diferente.

Al examinar varios experimentos los investigadores concluyeron que aquellas personas que tomaron una siesta de alrededor de 26 minutos aumentaron su productividad drásticamente, a diferencia de aquellas que se mantuvieron despiertas y continuaron trabajando.

La Escuela Médica de Harvard ofrece algunas recomendaciones para aquellos que quieran implementar esta estrategia en sus vidas:

  • Mantenerlo breve: una siesta mayor a 30 minutos puede tener efectos contraproducentes, ya que se produce inercia del sueño.
  • Hacer la siesta en un lugar frío y oscuro: también deben evitarse ruidos fuertes que puedan afectar la calidad del sueño.
  • Organizarlo: si se aplica esta estrategia es necesario tener un horario que sirva para obtener lo máximo tanto de la siesta como del café y evitar en algunos casos el bajón de energía del mediodía.

90 minutos de máximo esfuerzo

Existen dos tipos de ciclos principales que funcionan como un reloj biológico que regula nuestras actividades.

Los primeros son los ritmos circadianos, que responden a la luz y la oscuridad en el ambiente.

Duran 24 horas y por ellos es que dormimos en la noche y nos mantenemos despiertos durante el día.

Los segundos son los ritmos ultradianos, que se producen varias veces durante el día e influyen en diversas conductas, como la alimentación, el movimiento y el nivel atencional y de aprendizaje.

Las investigaciones de Nathaniel Kleitman lo llevaron a descubrir que en estos ciclos el cerebro puede trabajar durante 90-120 minutos antes de necesitar un descanso y dedujo que, así como pasamos por varias fases del sueño, pasamos por diversas etapas al estar despiertos.

Otro estudio, realizado en 1993 por el psicólogo Anders Ericsson, descubrió que los mejores violinistas del mundo practicaban en tres periodos de 90 minutos con descansos entre ellos.

Incluso algunos de los CEOs más exitosos del mundo aplican la misma estrategia de trabajar en “acelerones” de 90 minutos en lugar de varias horas seguidas sin descanso.

El método de Ivy Lee

Ivy Lee fue un consultor de productividad y uno de los pioneros de las relaciones públicas profesionales y, como tal, su mayor enemigo fue la procrastinación (algo demasiado familiar para casi cualquier persona en estos tiempos).

En 1918, uno de los hombres más ricos del mundo, Charles Schwab, lo contactó para que le diera una forma de reducir la procrastinación de sus empleados y aumentar la productividad general.

Ivy Lee le dio un sencillo método de cinco pasos y le dijo que le pagara la cantidad que él considerara justa, dependiendo de si funcionaba o no. Tres meses después, Schwab le pagó $400,000 dólares.

El método, que sorprende por su simpleza así como por sus resultados, es el siguiente:

  1. Escribir las seis cosas más importantes (sí, deben ponerse en papel y no ser más de seis) que se deben terminar en el trabajo antes del final del día siguiente.
  2. Ordenar esa lista por importancia.
  3. Concentrarse solo en el primer elemento de la lista cuando se llegue a trabajar. Una vez que se complete ese, pasar al siguiente.
  4. Si no se completan las seis tareas al final de la jornada, se mueven los elementos sobrantes a la lista del próximo día.
  5. Repetir el proceso cada día de trabajo.

Fácil, ¿o no?

Y ahí lo tienes. Si buscas aumentar tu productividad y obtener resultados reales ocupa una o todas estas estrategias.

Puedes trabajar durante 90 minutos en el primer elemento de tu lista, ojear algunas imágenes de animales tiernos y entonces volver a trabajar. Estarás aprovechando al máximo tu tiempo y hasta podrás tomar una siesta sin sentirte culpable.