Skip to content

3 costumbres que nadie te dirá que dañan tu productividad

27 marzo, 2019

En estos tiempos, en que todos buscan hacer más en menos tiempo, no resulta extraño que cada día se produzcan nuevos métodos para aumentar la productividad que prometen resultados casi milagrosos. Pero ¿cómo podemos estar seguros de que funcionan?

Pues aquí voy a revelarte la verdad sobre tres costumbres que, contrario a lo que te han contado, están dañando tu productividad.

1 – Multitasking

Salud, familia, trabajo, desarrollo personal y espiritual, etc. Son muchos los aspectos de la vida a los que nos gustaría dedicarnos más, pero en ocasiones resulta imposible.

A veces parece que el tiempo simplemente no alcanza, así que intentamos dividir nuestra atención entre los deberes y suena como algo lógico.

Todos hemos estado en una situación en la que, mientras trabajamos, recibimos un mensaje o una llamada importante que tenemos que contestar; eso nos recuerda que no hemos revisado nuestro correo, así que también lo hacemos, después pasamos a organizar nuestros documentos y, aprovechando el momento, nuestro escritorio.

Un par de horas después volvemos al trabajo inicial y, aunque se siente como que hicimos avances significativos en diferentes áreas, la realidad es muy diferente.

Se han realizado varios estudios que intentan comprobar la efectividad del multitasking y todos han llegado a conclusiones similares: nuestro cerebro no está hecho para trabajar de esa forma.

Pero ¿qué podemos considerar como multitasking?

  • Hacer dos o más cosas al mismo tiempo.
  • Cambiar de una actividad a otra constantemente.
  • Realizar varias tareas en sucesión rápida.

Un estudio llevado a cabo por Microsoft descubrió que detenerse a mitad de una actividad para hacer una llamada o responder un correo retrasaba a las personas hasta media hora, aunque la interrupción hubiera durado solo alrededor de 10 minutos. Algunos de los participantes incluso tardaron más de dos horas en volver a la actividad inicial.

Se ha demostrado , incluso, que el multitasking daña al cerebro, ocasionando que sea más difícil mantener la atención o concentrarse y algunos de estos efectos podrían ser irreversibles. O sea que, por más que se “practique” no se puede dominar; una persona no puede hacerse mejor en multitasking.

Así que, si liberamos nuestros espacios de trabajo de elementos distractores, mantenemos el smartphone apagado y nos concentramos en una sola tarea a la vez, no solo estaremos aumentando nuestra productividad de forma real, sino que nuestro cerebro también nos lo agradecerá.

2 – Escuchar música al trabajar

Estás listo para iniciar tus deberes del día. Tienes una taza de café, tu ordenador preparado, un cronómetro para medir 90 minutos, ¿qué falta? Una buena canción para comenzar. Así que pones tu playlist favorita y empiezas tus labores. Lo que quizás no sabías es que en verdad estás afectando no solo tu productividad, sino también la calidad de lo que haces.

Hay varios estudios que sugieren que la música en el área de trabajo aumenta el nivel de concentración y reduce el tiempo que se requiere para completar una tarea.

Quizás por ello se ha creado una idea general de que escuchar música mientras se realiza cualquier tipo de trabajo no solo es una buena idea, sino que incluso es recomendable. No obstante, nuevas investigaciones han revelado que nuestro cerebro reacciona a la música de maneras más complejas de lo que pensábamos.

El efecto Mozart, que en la década de los noventa fue bastante reconocido, indicaba que ciertas tareas mentales resultaban más sencillas después de haber escuchado algunos minutos de música de dicho compositor. Pero más tarde se descubrió que el mismo efecto se obtenía no solo con otros compositores, sino también con audiolibros y sonido ambiental.

Algunos sujetos podían, incluso, experimentar los mismos beneficios tan solo con imaginar la música.

Estos descubrimientos llevaron a la teoría del efecto del estado de ánimo y la excitación sobre el organismo, que dice que el modo en que el ruido afecta la productividad depende en realidad de las reacciones emocionales de cada persona y no del estímulo como tal.

No obstante, cuando se intentó replicar el efecto en investigaciones más recientes, los resultados no solo no concordaban, sino que eran por completo contrarios.

El cerebro tenía su peor desempeño cuando los participantes estaban escuchando música, a pesar de que ellos creían estar produciendo más (debido al buen estado de ánimo originado por lo que oían).

Al analizar estos datos tan diversos, se llegó a la conclusión de que el efecto del ruido en la productividad depende de la tarea que se está realizando. Ya que el cerebro no puede procesar dos estímulos al mismo tiempo sin darle prioridad a uno y opacar el otro, se crea un conflicto que reduce su habilidad de comprensión.

Por ello, si la tarea requiere creatividad o algún tipo de repetición sin mucha concentración, entonces escuchar música que nos gusta puede mejorar drásticamente la productividad. Pero, si la tarea requiere que se aprenda nueva información, se repasen conceptos conocidos, se comprenda una lectura o se analicen datos, un ambiente tranquilo y sin ruido será lo que mejore nuestro desempeño.

¿Quién diría que el cerebro es tan quisquilloso con sus gustos musicales?

3 – Desear más autocontrol

Un estudio realizado en 2012 por la APA reveló que al menos 93% de los ciudadanos norteamericanos establecían propósitos para el año nuevo: perder peso, ganar más dinero, ejercitarse o lograr otros cambios en el estilo de vida.

No obstante, cuando fallaban en conseguirlos aseguraban que se debía a la falta de fuerza de voluntad. Parece, entonces, que el autocontrol está relacionado con resultados positivos en la vida; mayor autoestima, mayor seguridad financiera, mejora de la salud física y mental, entre muchos otros.

Además, investigaciones previas han demostrado que la capacidad de autocontrol de una persona persiste a lo largo de su vida. Aquellos con mejor autocontrol en edad preescolar tienden a tener mayor fuerza de voluntad de adultos.

¿Cómo puede ser, entonces, algo negativo desear más autocontrol?

Un estudio llevado a cabo en 2017 demostró que el deseo consciente de más autocontrol puede en realidad estar mermando nuestra fuerza de voluntad.

La razón de esto es sencilla: pensar en las cosas que desearíamos tener resalta de manera subconsciente (y a veces también consciente) el hecho de que no las tenemos. Esto ocasiona que el cerebro se desconecte de las tareas y no dé todo el esfuerzo que puede.

En otras palabras, cuando nos concentramos en aquello que todavía nos falta, comenzamos a considerarnos incapaces de cumplir con ciertos objetivos y trabajos, muchas veces sin siquiera darnos cuenta.

Para combatir este efecto, los investigadores sugieren un par de cosas:

  • Cuando te encuentres deseando más disciplina, intenta conectar ese deseo con una acción que puedas realizar. Por ejemplo, en lugar de desear que tuvieras más autocontrol para no comerte otra dona, toma acciones concretas para evitarlo, como comprar tu café en una tienda donde no vendan donas (tal como lo dice Terry Crews).
  • Cambiar la perspectiva que tienes sobre el autocontrol y la disciplina. En vez de pensar que es una habilidad que no tienes, piensa que es un recurso ilimitado al que puedes recurrir cuando quieras.

Y ahora que ya sabes cómo estos hábitos te afectan, puedes complementar la información echándole un vistazo a 4 estrategias comprobadas científicamente que aumentan tu productividad.

Abimael Bertoni

Novelista y narrador con estudios en la Escuela de Escritores de Madrid.